Columna de Opinión por Carlos Gutierrez

En Colombia existen en la actualidad alrededor de 1.620.000 empresas, de las cuales tan solo 6.793 son consideradas como grandes empresas, 109.000 son pymes y cerca de 1.505.000 son microempresas. Se crean anualmente en promedio 300.000 nuevas empresas, sin embargo, tan solo el 30% de los emprendimientos sobreviven al quinto año de iniciar operaciones y como consecuencia, el restante 70% fracasan y se ven en la necesidad de cerrar sus puertas. (según cifras recientes de Confecámaras).

Estas cifras me llevan a pensar! ¿a qué se debe esta situación?, ¿por qué tenemos tan pocas grandes empresas?, ¿Por qué sí hay tantos emprendimientos la mayoría de ellos fracasan?

Según un reciente informe realizado por un grupo de consultoría en estrategia empresarial, el error principal de las empresas es que no conocen los factores que determinan su desempeño y por eso fracasan. Es necesario establecer una cultura de la productividad, es decir; es necesario planear, definir indicadores, medir procesos clave, aumentar la calidad, reducir los costos y por supuesto optimizar los recursos físicos y humanos para tener una oferta más competitiva en el mercado local e internacional.

En mi experiencia como consultor organizacional y luego de haber tenido la oportunidad de trabajar en grandes, medianas y pequeñas empresas por mas de veinte años, considero que debemos cerrar paradigmas de tal forma que podamos como sociedad revertir dichas cifras, crear más empresas que perduren en el tiempo, empresas globales que generen miles de empleos, proyectos con responsabilidad social y ambientalmente sostenibles.

Algunos de los paradigmas que frecuentemente encuentro en las organizacionales tienen que ver con el liderazgo, el management o la estrategia entre otros, los cuales se convierten en grandes problemas que impiden en el corto, mediano y largo plazo el crecimiento institucional. Algunos de ellos son:

Es posible liderar una compañía sin establecer un plan estratégico.
Es posible ganar participación en el mercadeo sin construir un plan de mercadeo y comunicaciones.
Es posible perdurar en el tiempo desconociendo los avances en tecnología que afectan a mi negocio.
Es posible liderar el mercado sin conocer a mis principales competidores.
Es posible que cualquier persona lidere una institución o que sea liderada por los dueños que en algunas ocasiones con conocen el negocio.
Es posible liderar equipos de trabajo sin tener en cuenta los valores institucionales o desconociendo de la importancia de la ética empresarial.
Es posible lograr un crecimiento esperado sin tener indicadores de rendimiento en las áreas estratégicas.
Es posible liderar una compañía sin un gobierno corporativo que tome las principales decisiones.
El posible liderar el mercado sin tener una clara diferenciación o valor agregado.
Es posible que en las empresas familiares las decisiones las tomen los dueños sin tener en consideración la opinión de los demás.

La respuesta a estos paradigmas es un rotundo SI, de hecho, es lo que está ocurriendo en la actualidad; si es posible dirigir una compañía sin una clara estrategia, sin el recurso humano adecuado en la alta dirección, áreas funcionales o planta operativa, sin conocer el mercado o la competencia, sin diferenciar nuestro producto o servicio, sin establecer un adecuado gobierno para tomar decisiones acertadas o simplemente desconociendo el impacto social o ambiental.

Lo que en realidad no es posible, es esperar resultados diferentes si seguimos haciendo lo mismo. No será posible que tengamos más compañías en mercados globales o evitar el cierre de negocios en los primeros años o ver transformar pymes y microempresas en grandes compañías o simplemente reducir los índices de desempleo o de pobreza del país hasta tanto el liderazgo institucional no decida afrontar esta problemática.

Solo hasta que logremos una total consciencia de esta realidad no podremos cambiarla. Se hace necesario optar por un liderazgo transformador que sin importar el tipo de empresa en que nos encontremos, el cargo que desempeñemos o la ciudad en la que vivamos, decidamos evitar estas malas practicas a nivel corporativo y migremos a un modelo exitoso como el norteamericano, en donde se propenda por un crecimiento sostenible, donde prevalezca la democratización y participación en la toma de decisiones, donde se privilegie la ética empresarial, la lucha contra la pobreza o la responsabilidad social y ambiental y por último, ligado a un modelo político que dé mayor seguridad al inversionista.

En próximos artículos iniciaré una reflexión en torno a cada uno de estos paradigmas que afectan el desempeño institucional y que más que de ser considerados como un mito, son una realidad en nuestra sociedad.

Por Carlos Gutierrez

 

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Julián Castiblanco

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